La rosa de segunda mano

Tras muchos meses de equilibrio emocional altamente demostrable  e incluso preocupante, pues soy un sujeto que se interroga por cualquier cosa, desde la más normal a la más bizarra, y con el transcurso  de tantos días sin un atisbo de melancolía ni tan siquiera de súbita tristeza,  hoy al levantarme  he percibido ese familiar hormigueo que inunda el esternón y aplatana las sienes. Lo echaba de menos.

Cualquier persona circula  antes o después por ese sendero, por esa calle en la que la soledad y el hastío se mezclan hasta inundar nuestro fuero interno de un humor (como llamaban los griegos a diferentes secreciones internas del cuerpo) grisáceo que nos retrotrae a un pasado mejor y nos somete, vulnerables a un futuro, desconocido y por lo tanto de lúgubre incertidumbre, con el miedo al fracaso recostado sobre nuestro vientre,tornándose en  una angustia que ahoga nuestra garganta como si nos privaran  de la cánula con las que insuflar aire a un balón pinchado.

La Avenida de los Melancólicos acepta multitud de descripciones con fríos colores,monumentales longitudes o simples denominaciones, pero es de uso frecuente en la cotidianeidad (por lo menos la mía) y varía según la víctima de la ensoñación. Algunos conocen sus mieles y pasean por ella. Para otros es el peaje a pagar en los momentos de transición, de una etapa vital a otra etapa vital. Los que más, pasivos espectadores atemorizados por su poder, tan sólo recorren el camino, ese estrecho pasillo, una sola vez. Es el precio por conocerse a uno mismo, es preferible aceptar cualquier tipo de sucedáneo falsamente edulcorado con tal de no enfrentarnos  a nuestros pensamientos, limitaciones o  lamentos,  y por supuesto, de no reparar en más opciones, no sea que descubramos nuestros errores. Eso sí que nos da miedo.

La melancolía brota en cualquier escenario, cepillándote los dientes, concentrado en tu comida que rota en un plato y que se calienta, al son de un falso sol iracundo en el interior del microondas, cuyo ruido tritura tus oídos y te demuestra lo sólo que estás. Te puede fecundar en Fresno, en medio de la nada, en medio de California, o se puede recibir la gloriosa estocada  en un vagón de metro o jugando en un bullicioso bar a las cartas. Siempre habrá recuerdos y deseos que lleguen para desconcertar al alma. Ninguno nos evocará al vacío sin igual que supone la tisteza convirtiendo nuestro pecho en una bombilla con un corazón a modo de  filamento que parece flotar ingrávido en medio de nuestro cuerpo.

Los días en los que pierdo el camino, me gusta buscar discos de vinilo, no son para mí, son para mis amigos. No más allá de un mes atrás buceaba entre vinilos en una estrecha tiendecita de Nueva York en las proximidades del Soho. En ella, una dueña con pinta de marchante de arte y un código de vestimenta muy propio de Annie Leibowitz, mostraba a mis ojos de crío cercano a la tercera década autéticas joyas. Premios que por el azar caen en nuestro poder  y podemos disfrutar. El nombre de aquel badulaque discográfico desde el primer instante capto mi atención. La Rosa de Segunda Mano. En seguida me percate de la ironía de que muchas de las mejores cosas de nuestra vida, no son las que vamos a estrenar, ya sea un disco, un coche o una compañera setimental, pero van a alterar el curso natural. Muchas ocasiones para lograr algo parecido a la utilidad, otras veces para avistar una efímera felicidad, en multitud de campos, una sucesión de estabilidad. En casi todo una rosa que se marchita hasta su declive final.

Salí del angosto paraíso, con un LP de Warren Zevon,muy desconocido en la Península Ibérica, para los días de malestar contar con una píldora más. ´Disfrutarla como si fuera vuestro último sándwich`.  Diría Zevon con su leivmotiv más básico. Algún día os explicaré el porqué. Prometido queda.

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2 comentarios en “La rosa de segunda mano

  1. Como siempre me encanta lo que escribes y cómo lo escribes. Sin duda lo que a mí me gustaría muchas veces transmitir y no sé….

  2. Impresionante,sin palabras.será porque,o es muy bueno lo que me transmitió lo que leí o porque es muy tarde,pero sea por lo que sea me entristece y me reconforta.La mejor sensación para una rubia tonta.;-)

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