Al otro lado de la carretera

En estas jornadas,  en las que ver la televisión o echar un vistazo al periódico es acercarse un poco más a la depresión. Con un conglomerado de sucesos que al ser relatados no hacen más que fomentar la desconfianza en el género humano. Donde lo auténtico es infravalorado, aunque mantengo un halo de esperanza en la importancia de lo genuino. Vivir de otra manera, inspirando a los demás y generando en poco tiempo, la suficiente repercusión como para ser representante de una tendencia, sin haber sido uno de sus ideólogos, sólo con haber estado allí. Eso fue lo que logró Neal Cassady.

La ´Generación Beat`, movimiento cultural  que nace a mitad del siglo anterior en San Francisco, de gran influencia, que en España ha permanecido obviado, con más o menos intención, aún cuando mucho de la literatura, la música y del cine actual, se empapa de las vivencias y emociones de unos chiquillos que recorrieron América y la pusieron patas arriba en no más de veinte años.  Su actitud sexual desmesurada y la defensa de los derechos civiles, así como su profundización en la filosofía oriental y la meditación, les hace predecesores de la psicodelia y del hippismo. Las principales figuras no llegan a cumplir los 50. Ni murieron jóvenes ni dejaron un cadáver bonito, pero su apotación cultural es inestimable y sus ansias de vivir, las causantes de tanto ascendente pero también de tan temprano fin. Cassidy y Kerouac

Las  rutilantes escritores y testigos de la Contacultura fueron Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs. El primero, da nombre e identidad al proyecto. Los tres firman las obras cumbre que ejemplifican sus características. A  saber, Kerouac con su mejor novela ´En el camino`, Ginsberg  con su poemario  ´Howl` (Aullido) y Burroughs que destaca con otro esfuerzo narrativo, ´El almuerzo desnudo`. Todos fueron publicados a finales de la década de los 50. Pero esto no es todo, hay algo más. Un punto de inflexión, un agujero negro que devoraba todo lo que surgía a su paso. Una estrella apagada que inspira personajes de libros, que experiencia historias que otros plasmarán, que surcará las carreteras para moverse a sus anchas en ese enorme país. Un tío que vivió  lo que los demás no conseguiríamos ni en mil reencarnaciones. Da igual el pseudónimo otorgado: Dean Moriarty, Cody Pomeray, N.C. Cassady, ponía el mismo prominente y atractivo rostro a cada uno.

Una fiera así, no podía venir al mundo en otra ciudad que no fuera Salt Lake City, (Utah, 1926). Su madre murió siendo niño y fue criado por su alcoholizado progenitor, en Denver (Colorado). Ya en su adolescencia tiene encontronazos con las fuerzas del orden por su afición y facilidad para la sutracción de automóviles. Pisa el reformotario más de una vez. Conoce a Justin Brierly, profesor universitario que fascinado por su talento y vitalidad, le ayuda en su formación. Su mentor, homosexual, le desvirgaría. Cassady, que no se consideraba gay, entendía las relaciones sexuales con gente de sus mismo sexo, como un medio para la consecución de sus propósitos. No sería una excepción. Los cuidados del maestro no bastaron para mantener a Neal lejos del pecado, sus ilícitas actividades juveniles continuaron y su lugar de residencia durante un año fue la cárcel. Brierly y Cassady mantuvieron  contacto epistolar durante la reclusión y a su salida del presidio(1945), le tenía arregalado un próspero futuro en la Universidad de Columbia sita en Nueva York.  En ese ambiente conocería a lo miembros del futuro clan cutural, Ginsberg y Kerouac. Entre medias de su cumplimiento de condena y de su llegada a la Costa Este (1947), contrajo un breve matrimonio.

La decada siguiente, la reventó. Espoleado por sus nuevas amistades y con una energía infinita e imperecedera, alternó periodos de orden y vida marital,asentado en San Francisco y sus cercanías, con aventuras y desventuras a través de EEUU, en compañía, casi siempre,de Kerouac. Un carácter así, no fue ajeno a devaneos extramatrimoniales, tuvo dos familias al mismo tiempo, denota dicha bigamia su origen de Utah, cuna de los mormones. Cassady era capaz de todo y de más, su soterrada relación amorosa durante más de 20 años con Ginsberg así lo atestigua. La ley tampoco se mantuvo al margen de su círculo de amistades frecuentes. En 1958, fue detenido por posesión de marihuna y volvió a domiciliarse en el talego. La cárcel de San Quentin (famosa a posteriori, por el concierto que brindó en ella y que da nombre a un disco en directo,Live in San Quentin, del músico country Johnny Cash).  La penitenciaria estatal no sería lo único que abandonaría a principios de los 60, también se separó de una de sus dos esposas, y  buscó apartamento en SF. Como compañeros de piso, Ken Kesey (autor de ´Alguien voló sobre el nido del cuco`) y su inseparable Ginsberg. Al calor del primero, caería rendido a las mieles de la psicodelia. Kesey que descubrió las drogas alucinógenas en un programa experimental gubernamental, realizaría un frnético viaje en un autobús escolar (bautizado como ´Furthur`) por las vías interestatales norteamericanas, con un grupeto de acólitos ´The Merry Pranksters`. Un viaje de pirados, cuyo chófer no podía ser otro que Cassady. De tal desmadre sobre ruedas, Tom Wolfe recogió información para uno de sus periodísticos libros ´The Electric Kool Aid Acid Test`. Los planes más salvajes y las mejores fiestas eran organizadas por Kesey. Su finca en La Honda (CA), era el centro de operaciones. Allí eran habituales los ´Ángeles del Infierno`, banda de moteros, con muchas ganas de juerga y  resultones exponentes de las conductas más violentas. El fenómeno Gonzo también cayó rendido a la idiosincrasia de tal personaje, que no cesaba de insultar a la policía cuando se personaba en las jaranas  para desmontarlas y poner un poco de paz. El adalid de lo Gonzo, Hunter S. Thompson, así lo relata en un libro de investigación, dedicado a aquellos días de whisky y ácidos, tan propios del crapuléo de esos macarras motorizados.

El ritmo de vida desenfrenada, se cobraría un precio. Su otra mujer, Carolyn se divorcia de él por violar los términos de la libertad condicional. Entonces se entrega, una vez más, a la carretera, cruza América del Norte de costa a costa de nuevo, y así, visita México varias veces, donde muere tras asistir a una boda (1968). La causa del óbito, según la autopsia, sobredosis de barbitúricos y alcohol, según Carolyn, que se apropiaría del papel de viuda, lesión renal desencadenante de un fallo multiorgánico. Cuatro días después hubiera cumplido 42 años. Demasiadas celebraciones para que su castigado cuerpo soportará una más. Desde la banda de rock Grateful Dead con los que convivió,  al también literato Charles Bukowski, una de las últimas personas con las que se reunió, sus aportaciones son innumerables y su legado, una gran cantidad de poemarios sin publicar, algunas novelas tampoco editadas (ahora asaltan el escenario público) y una estrambótica participación, en la creación de lo que hoy se hace llamar cultura popular americana.

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