Más Por favor Gracias

El lunes 7 de noviembre no pasará a los anales de la historia de la televisión. Como tampoco lo hará la pachanga  mañanero-dominguera que disputó el Madrí frente a Osasuna y con cuyos porcentajes de cuota de pantalla nos pretenden engañar como a chinos sin vivir en la misma China. El día con el que se inaugura la semana empezó fuerte, el esperado debate televisivo entre los dos principales aspirantes a la Presidencia del Gobierno de esta circense nación, atraía las miradas, comentarios y opiniones de todos. Ya fuera para bien o para mal. Casi a las diez de la noche, el moderador, ese señor encantado de conocerse, y tampoco atino a descubrir el porqué, más que probablemente se deba a algún atributo que desconocemos o alejándonos de la obviedad, ni tan siquiera intuimos, presenta a los dos personajes que competirán por el voto de los ciudadanos, al menos por conservarlo, que está la cosa muy jodida  en cuanto a la opinión popular sobre los políticos. De un lado, estilete del conservadurismo libertario, el rasputín cántabro, Rubalcaba, no sabemos si con la verga del hechicero ruso. Del otro, también con barba e idéntico tinte capilar que los otros comensales, arrastrando unas interminables ´eses` con cada vocablo, el representante del conservadurismo rancio, Rajoy. Pronto, las redes sociales estallaban alabando o vilipendiando a uno u otro canditado, gran vara para medir la subjetividad. La insistencia en defender que la derecha recortaría libertades por parte del calvorota, y las críticas constantes a la situación económica de esta España nuestra, por parte del gallego, amén de las continuas lecturas de tropecientos papelajos, a buen seguro redactados por sus ayudantes de cámara, por parte de ambos, me hicieron reflexionar sobre la posibiliad de retirame a mis aposentos a realizar otras actividades más placenteras. En serio Mariano, era necesario enviar a la Cospedal el domingo previo a Cataluña a hacer campaña, en tanto que tú, como buen estudiante de la oposición (a Notaría) que fuiste, tenías que quedarte preparando el embite contra Alfredo. ¿Estás seguro de que no nos mientes e hiciste novillos? A tenor de como leías tu dossier, cualquiera pensaría que te fugaste la jornada anterior, con el fin de disfrutar con cosas más gratificantes. Empezar mintiendo por una chorrada así, no sería un buen síntoma inicial, para el futuro y presumible nuevo Gobierno.

Ya en mi habitación, me decanté por una película que quise otear en el cine, pero que por dejar pasar la oportunidad, hube de saborear en casa. En el menú degustación tan solo figuraba un plato. Una película rebosante de buen gusto y mejores intenciones. ´Happythankyoumoreplease`. Largometraje estadounidense de 2010 cuyo guionista, director e intérprete principal es Josh Radnor. A bote pronto, ¿quién demonios es el tal Josh Radnor? Josh Radnor es el actor  que encarna al personaje de Ted Mosby en la  exitosa teleserie ´Cómo conocí a vuestra madre`. Su ópera prima detrás de las cámaras, ´Happy…`le arrojo numerosas y halagüeñas críticas de la industria cinemátográfica por su labor en la dirección, así como alguno de los premios del Festival Sundance de cine independiente. El film, con un más que solvente guión, un convincente reparto y  por último, dejando a un lado la perogrullada del análisis de la fotografía, una sencilla y contenida puesta en escena, apenas tuvo repercusión en nuestro país.

El argumento, cuyo eje es Sam (encarnado por el propio Radnor), treintañero en busca de su sitio vital a todos los niveles, (es un escritor novel a la espera de la ocasión propicia para publicar su ansiada obra de debut), en la siempre estresante  y competitiva capital del globo, (Nueva york). De camino a una entrevista para vender su manuscrito a un editor, contacto conseguido por medio de su mejor amiga, Annie (Malin Akerman protagoniza a una atractiva alopécica con inmensas dudas sobre las carcaterísticas de su hombre ideal), topa con un niño de color, del que se hace cargo, ya que al pequeño le es imposible abandonar el vagón de metro al mismo tiempo que su familia, como consecuencia del tumulto que cada mañana se origina en los andenes neoyorquinos.

La singular pareja disfrutará de varios días en compañía, en los que Sam se redescubrirá como hombre, pero también como persona. Esa amistad motivará no pocos conflictos y unas cuantas vivencias, incluido un ligue con una bella camarera, que cambiarán al dramaturogo para siempre. Esta fábula sobre la sociedad moderna, (con el amplio telón de fondo de los conflictos generacionales: la fortaleza o debilidad a la hora de perseguir los propios sueños, la desmotivación, la superficiliadidad, el desconocimiento propio y la proliferación de argumentos como ´el usar y tirar´para enterrar y así justificar nuestros miedos, ya sea en ámbitos tan dispares como el trabajo, el amor o un polvete esporádico,) nos sirve de muestra para ejemplificar el duro tránsito hacia la vida adulta. Todo envuelto en un proverbio Hindú, que hace las veces de título de la cinta y que sostiene que cada vez que recibimos un cumplido debemos dar las gracias y pedir por favor que nos continúen regalando los oídos. Y esto es precisamente lo que debe hacer el mundo frente a los politicos, exigir algo más, pero sin acompañar nuestras plegarias ni de fórmulas de cortesía, ni de la más mínima gratitud.

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