Robin Friday

Tras la debacle de la Selección de España en el mítico y remozado estadio londinense de Wembley, por medio de un solitario gol del veterano centrocampista del Chelsea Frank Lampard, no hay mejor excusa para homenajear a un delantero que dejaría a muchos de los jugadores de Inglaterra tirados por los suelos, no sólo por sus gambetas, trucos e infalibles recortes, sino también por su apabullante forma de beber y por disfrutar de una existencia acelerada pensando que cada segundo iba ser el último. Un chico que convierte al toxicómano de Paul Gascoigne y al borracho de George Best en auténticas hermanitas de la caridad.

Robin Friday vino al mundo en Acton, un modestísimo barrio de Londres, en el verano de 1952. Robin no llegó sólo, lo hizo acompañado de un hermano gemelo, Tony. Desde su más tierna infancia dio amplias y notorias muestras de su controvertido carácter, así como de unas maravillosas condiciones naturales para la práctica del fútbol. Accedió a las categorías inferiores del Chelsea y del Queens Park Rangers, pero no rindió lo esperado, amén de desesperar a los técnicos infantiles tanto por su indisciplina como por sus persistentes negativas a cambiar su explosivo estilo de juego. No era mal estudiante y contaba con unas impresionantes facultades y sensibilidad tanto para la música y la danza, así como para la pintura. Con la llegada de la adolescencia empezó a probar diferentes drogas. A los dieciséis años robó el equipo de música de un automóvil, fue detenido y pasó catorce meses en el reformotario de Borstal. Allí, su físico cambió espectacularmente y su carácter, contra todo pronóstico, fue a mejor. Su hermano no se alejaría mucho de las actividades delictivas y años más tarde acabaría cumpliendo condena en una prisión británica. Acostumbrado a realizar cualquier cosa, por nimia o decisiva que fuera, a distinto ritmo del resto de los mortales, se casó con diecisiete años, justo después de abandonar el correccional, con la que había sido su novia de siempre, una hermosa joven negra llamada Maxine y que además se encontraba embarazada de pocas semanas. Hasta en eso fue diferente, teniendo en consideración que no llegaba a ser ni el principio de la década de los 70 y la conflictividad social que arreciaba en el Reino Unido, más si cabe, en vecindarios como los de la familia Friday.

Tras rechazar ofertas de clubes con más tradición, se decantó por continuar jugando en liguillas semiprofesionales y ganarse la vida asfaltando calles, al igual que la mayoria de sus compañeros de equipo. Sus actuaciones con el Walthamstow Avenue durante la temporada de 1971 cautivaron a propios y extraños, pero él, tozudo hasta al extremo, rechazaba cuantas ofertas le llegaban de equipos de categorías superiores. Otro plantel de la misma competición, la Isthmian League, el Hayes, se interesó por él y lo firmó en Julio del siguiente año tras aceptar pagarle 30 libras a la semana. Pero ese verano le ocurrió una terrible desgracia. Trabajando, completamente ebrio, se cayó de una escalera y se clavó una barandilla terminada en punta que le atravesó la espalda, parte del estómago y rozó uno de sus pulmones. La rápida y cuidadosa intervención de sus compañeros, así como de los servicios sanitarios en su evacuación al hospital, unidos a seis horas de intervención quirúrgica, consiguiendo el milagro de que Robin no perdiera la vida. Tres meses después del fatal percance, en Octubre de 1972, Friday debutaba con la elástica de su nuevo equipo, el Hayes.

Ese año, Robin dejó patente su calidad en una eliminatoria de la Cup, a la postre decisiva en su carrera deportiva, contra el Reading, conjunto de la Cuarta División Inglesa que necesitó un partido de desempate para vencerles. Con el Hayes también proporcionó otros recuerdos imborrables, como la cantidad de ocasiones en las que el conjunto comenzó el encuentro con diez jugadores como consecuencia de que Friday estaba apurando el último trago de su pinta en un tugurio bastante próximo al estadio. De hecho, una vez llegó en un clamoroso estado de embriaguez, aún así, marcó el gol de la victoria tras un magistral lanzamiento de falta. Anotó 46 tantos en 72 partidos y fue traspasado al Reading, entonces entrenado por la única persona capaz de domarle, Charlie Hurley.

Ya en las filas del Reading, en una división profesional, sus dos primeras temporadas son sensacionales. El equipo se ve influenciado por un futbolista fuera de serie y mejoraran la clasificación final del conjunto, terminando la primera estación liguera, 1973/74, en una más que buena sexta plaza. La posterior, la temporada 1974/75, el Reading tan solo queda a cinco puntos de disputar la promoción de ascenso a Tercera. Friday es galardonado con el premio a JUGADOR DEL AÑO. Escuadras de Primera División como el Arsenal o el Sheffield United, le agasajan con suculentos contratos. No todo lo que rodeaba a Friday era tan exitoso, sus compañeros estaban hartos de su comportamiento violento en los entrenos, pero básicamente de su alocado ritmo de vida. Sus borracheras, su sempiterna presencia en los peores locales de la localidad y el consumo de drogas (fudamentalmente LSD), preocupan en el seno de la plantilla. Al principio sus bromas eran graciosas, como cuando apareció en un pub únicamente ataviado con una gabardina, pero en otras muchas ocasiones, eran simplemente ocurrencias propias de un demente. La dirección del Reading decide asignarle un guardián con el que poner freno a sus desvaríos. Un octogenario ex-colaborador de la entidad cuyos meses de convivencia con Robin resultaron demenciales. Música Heavy Metal resonando durante las 24 horas, fauna indescriptible visitando el domicilio del jugador, señoritas apedreando las ventanas. Aun con todo este frenesí, su juego hasta el momento no se había resentido. La tercera temporada de Friday en el Reading sería la del delirio total. El equipo asciende a Tercera y Friday marca 22 goles, incluido el tanto decisivo para poder promocionar. La locura. Durante la cena de celebración de la hazaña, se dedica a robar la mayoría de vasos del establecimiento para un compañero de equipo, al que le habían encantado. Se separa de su primera mujer y contrae matrimonio con una estudiante recién graduada, Liza. La boda hace que la de Kate Moss parezca una fiesta de parvulario. Cannabis y demás estupefacientes para todos los presentes en un enlace que terminaría en batalla campal. Y la luna de miel dónde mejor que en Amsterdam. Cuando vuelve para iniciar la pretemporada está en unas condiciones penosas. Hasta Diciembre de 1976, sería parte del Reading. Durante el mercado de invierno fue vendido a bajo precio al Cardiff. Estaban agotados de aguantarle, aun más al tener que renegociar los salarios y hacerlos acordes a la nueva división. Como era de esperar, su caso fue especialmente peliagudo. Una conversación sirve de ejemplo para entender al personaje. Su entrenador le rogó que se cuidara, que mantuviera el nivel y así en un par de años jugaría en la Selección Inglesa. Friday no se cortó y le pregunto por su edad. Muchos replicó, el preparador. <>, le espetó el díscolo atacante. La estancia en el Reading se cierra con una nada desdeñable estadística de 46 chicharros en 121 confrontaciones.

Su año y medio en las filas del  Cardiff comenzó con lo que fue un espejismo. Un partido contra el legendario Fulham que entonces contaba con Bobby Moore (Capitán de la  Inglaterra campeona en el Mundial de 1966) y otro chico malo como George Best que no salto al césped por lesión. Marcó un doblete y la afición se enamoró de él. Su nuevo técnico telefoneó a la sede de su antiguo equipo para informarles del gran negocio que había sido su contratación. Espera y verás, contestaron lacónicamente desde el otro lado del teléfono. Jugó únicamente 25 partidos con los de gales. Su contrato fue cancelado en Diciembre de 1977 ante los continuos problemas extradeportivos. Se ausentó durante dos meses conviviendo en una comuna hippie. Muchas Historias que no impidieron que fuera votado como el mejor jugador de la historia del club, por delante de un viejo conocido, John Toshack. Una vez retirado, retornó a su oficio de asfaltar calles. Tenía 25 años.

En las vísperas de la Navidad de 1990, Robin Friday muere de sobredosis de heroína con 38 años, en un apartamento para gente sin hogar, en su barrio natal de Acton. Su legado en la cultura popular británica ha sido ingente, una fotografía suya haciendo el símoblo de la victoria tras ridiculizar a un rival, sirvió de portada para un disco de los Super Furry Animals. Además, Paul Maguigan, bajista de Oasis, escribió su biografía. Así de completa fue la corta e intensa existencia del conocido como el Pelé de Hammersmith. Un tipo que se volvía vulgar al abandonar cada estadio.

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