Mr. Winslow

El señor Winslow, de nombre Carl, era un cuarentón negro y bastante orondo que trabajaba como agente de policía en la ciudad de Chicago. Por encima de todo, era un dedicado y comprometido padre de familia que estaba hasta los mismísimos cojones de soportar a su vecino. Un amigo de sus hijos, otro adolescente, también de negro, pringado y pesado a partes iguales. Estos personajes de lo más estrafalario, y unos cuantos más, conformaban el elenco de una serie americana que gozó de mayor o menor éxito en la televisión española durante los años 90. La serie se titulaba Cosas de Casa y aun es recordado el mencionado vecino plasta, el mítico Steve Urkell, como un icono.

El otro señor Winslow, de nombre Don, reside en California y es un escritor que disfruta de las positivas críticas de todo el mundo y de un puñado (o mejor expresado, muchos miles de puñados) de fieles seguidores a lo largo y ancho del globo. La especialidad de este neoyorquino, que fue en busca de una vida mejor al Oeste estadounidense previo paso por Sudáfrica, son las novelas relacionadas con el crimen y el misterio que suele publicar con asiduidad, pues, si se distingue por algo es por ser un novelista bastante prolífico. Sus principales bombazos literarios, Vida y muerte de Bobby Z (1997), pero más si cabe, El poder del perro(2005), lo han situado en la elitista y cerrada cúpula de los autores que más venden. Su penúltimo libro, Salvajes (2010), va a ser su segunda incursión en la meca del cine.

Salvajes refleja la vida de dos jóvenes veinteañeros californianos que son amigos desde la infancia y que poseen los mismos gustos, a saber: el surf, las chicas y el dinero fácil. Ben, estudió biología en una prestigiosa universidad, mientras Chon guerreaba en Afganistán. De su época en la milicia, Chon trajo unas semillas de marihuana, con las que el inteligente y elegante Ben, a base de experimentar y realizar injertos al estilo de Mendel, consigue una maría de calidad inigualable e inimitable para la competencia en eso del narcotráfico. El triángulo de la singular pandilla lo completa la joven y atractiva Ophelia, una niña bien que tan pronto se acuesta con uno, se zumba al otro o, a ser posible y en la mejor de las combinaciones, se hacen un trío, que para algo estamos en una sociedad civilizada. O, como se la conoce por los gritos y gemidos que lanza al llegar al orgasmo, está encandilada por los encantos de los dos antihéroes. Sus  tranquilas vidas se complican cuando un poderoso clan mexicano quiere arrebartarles el negocio por la fuerza, con diferentes presiones, primero con un vídeo de decapitaciones y después raptando a la chillona de O y reclamando un rescate de varios millones de dólares, a fin de que los muchachos accedan a colaborar.  Ante tal encrucijada, el drama está servido.

Don Winslow no se caracteriza por ser bueno creando y dando forma a los personajes, es más, estos quedan siempre inacabados, son bastante planos y cuentan con muy pocos matices, sus descripciones, someras a la par que sencillas, son un pequeño espacio en el que dearrollar con la acción. Su notoriedad se debe por el  tremendo ritmo que proporcina a sus relatos, apoyándose en un intento de minimalismo literario basado en una sintaxis breve e inacabada y por hacer gala de un gran uso del diálogo, en el que el predominio de los usos suspensivos es harto excesivo. Sus tramas no destacan por su superficialidad, pero tampoco son excesivamente complejas y entremezcla bien momentos cómicos con otros llenos violencia, así como instantes de fulgurante sexualidad. En definitiva, sus obras favorecen la lectura y lo aproximan a ser más un buen guionista que un novelista.

Salvajes se estrenará en los cines en la primavera de 2012 de la mano de Oliver Stone y con Blake Lively en el papel de la amiga cachonda, un reparto en el que también se encuentran Uma Thurman, Salma Hayek, John Travolta y Benicio del Toro. Cojones, tan sólo está ausente Tarantino.

En uno de mis frecuentes paseos por la autopista hacia el ocio que son las librerías, uno de los dependientes me mostró su sorpresa por la notoriedad e ingentes ventas del escribano Mr. Winslow. Al menos este tipo no destila esas maneras empalagosas y empachadas de buenas intenciones en el contexto de la España costumbrista como le ocurre a Ruiz Zafón.

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