El otro Murakami

No es que Murakami sea un apellido especialmente habitual en Japón, no es tan conocido como lo es Honda, ni tan siquiera es tan familiar como lo son en España los típicos patronímicos: Fernández, Pérez, Rodríguez y demás. La cuestión palpitante es como tal título da cabida a dos de los actuales genios de la literatura japonesa. La focalización de este artículo será en el menos conocido de la exquisita dupla de escribas, Ryu Murakami. Del otro Murakami, Haruki, en las próxima entregas de Spainerds habrá espacio e información suficiente para desenmarañar las fuentes de influencia y las experencias que le sirvieron para redactar una magnífica y extensa colección de novelas. Narraciones que entremezclan Cultura Pop, Realismo Mágico Latinoamericano y el patrón estilístico de los relatos cortos del desaparecido escritor estadounidense Raymond Carver. Ahora es el turno de Ryu, démosle su momento.

Ryu Murakami nació en 1952 en la devastada ciudad de Nagasaki. A los 24 años se convirtió en la  figura en ciernes de las letras japonesas tras ganar el Premio Akutagawa (una suerte de Premio Cervantes pero en versión nipona) con su primera novela, la aclamada Azul casi transparente. Su estilo está influenciado por la literatura norteamericana, pues se crió junto a una base estadounidense en la ciudad de Sesoba, pero con importantes diferencias formales con respecto de Haruki. Ryu Murakami opta por describir la crudeza de la sociedad y situaciones llenas de violencia en las que personajes marginales, se hunden en conductas, vicios o modos de vida que les abocan a un futuro  todavía más negro. Unos personajes  lo hacen por aburrimiento, otros para ser aceptados, algunos más a fin de explorar nuevas vivencias, los menos, para morir jóvenes y escapar del sufrimiento.

Licenciado Bellas Artes, fue sancionado con varios meses de arresto domiciliario cuando aun era estudiante de instituto. La pena se debió a su frecuente actitud a meterse en problemas, talante que llegó al súmum cuando con varios amigos destrozó la azotea de su colegio. Ese acto vandálico, acaecido durante el verano de tránsito hacia el último curso escolar, estuvo a punto de dar al traste con sus aspiraciones a enseñanzas superiores. El tiempo enclaustrado lo aprovechó para continuar con una de sus aficiones, las grabaciones con una cámara de 8mm. Ya había filmado varios vídeos para una banda de rock & roll en la que ejercía de batera. El culmen de su hobby lo alcanzaría al desarrollar su faceta de director de cine, tanto es así, que varios de sus libros los ha trasladado a la pantalla grande. También ha dado rienda suelta a su labor de guionista. Su primer largometraje fue la adaptación de la que fuera su ópera prima, la ya mencionada Azul casi transparente.

Azul casi transparente es la obra que permite al joven y bohemio Ryu hacerse con un nombre. Sin trabajo previo, sin contacto alguno, en definitiva, sin nada que anunciase tal repercusión dentro de las letras japonesas. Un tipo salido de la nada, con una novela bastante corta y marcadamente autobiográfica (el protagonista se llama Ryu y vive en las proximidades de una base americana), que alcanza el éxito nacional e internacional.  Ryu, el personaje fundamental de la trama, es un veinteañero yonki bisexual que en ocasiones esporádicas trabaja como chapero, tontea con una chica que colabora en sus actividades y es el centro de una pandilla que vive por y para la libertad sexual, incluido el sadomasoquismo, los festivales musicales y el masivoconsumo de una amplia gama de estupefacientes. Una juventud aburrida y sin camino que elige la violencia, los estados alterados de consciencia o la sobredosis como métodos para huir de la monotonía. Gran trabajo de campo para estudiar y representar con 20 años de diferencia muchos de los problemas que continúan ahogando a los jóvenes de medio mundo hoy en día. El caldo de cultivo para  la descripción detallada de una existencia orientada únicamente al excelso goce de los sentidos, es la etapa hippie de la que disfrutó el autor durante sus inicios en la universidad. De aquellas juergas universitarias obtiene la base experiencial con las que ilustrar sus páginas, así como sel posterior tratamiento cinematográfico de la mayoría de sus películas.

Tan sólo cuenta con cuatro obras traducidas al español. La última de ellas, titulada Piercing, fue publicada en su país natal a mediados de los años 90, pero ha llegado a las librerías españolas durante este casi extinto 2011. Un novelista por degustar, un Bret Easton Ellis a la japonesa que remueve las entrañas con su viscelaridad verbal, un dinamismo brutal y ganas de escandalizar. Suficientes ingredientes con los que atraparnos.

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