Perdiendo el tren de vuelta a casa

Viernes 5 de Julio. Presentaban Los Evangelistas en el Teatro Circo Price de Madrid su segundo disco, ‘Encuentro‘ un EP de cinco canciones que, a diferencia del primero ‘Homenaje a Enrique Morente‘, incorpora a Soleá Morente como fija en la alineación titular.

Llegaban de hacer un tremendo concierto en Granada. Quizás el mejor desde que comenzaron en esta andadura. Pero eso no hizo que el Teatro Circo Price tuviese una gran entrada. A falta de pocos minutos para empezar no habría ni 200 personas. Aunque luego se llegó casi a la media entrada.Imagen-11[1]

Y no fue hasta la sexta canción cuando apareció Soleá, la mediana de los hijos de Don Enrique, justo después de que Carmen Linares cantase  una seguiriya con un estilo y un desgarro que hacía imaginarse a Enrique sonreír y asentir desde lo alto, como diciendo: ahora Soleá, ahora. En ese momento Antonio Arias anunció la aparición de la mediana de los Morente, “pongan sus relojes en hora”, dijo. Hasta ese instante, Los Evangelistas se habían hecho gran parte del setlist con una superioridad apabullante, con el mínimo esfuerzo. Y con un espectacular Eric a la batería, que finalmente acabaría el concierto con la energía de un chaval que está empezando.

Soleá parece frágil todavía. Normal por otro lado. Se la ve disfrutando escoltada entre tanto músico brillante. Frágil, pero llegando a momentos gloriosos cuando se enfrenta a ‘Yo poeta decadente’, ‘La Estrella’ o a ese intento de single que es ‘Si tú fueras mi novio’. Fundiendo su voz con la de un J pendiente de ella en toda ocasión y bailando entre el baqueteo insaciable de Eric, los teclados de J.J Machuca y la guitarra de Florent que parece que no tiene fin.

Si a Soleá no la falta protección sobre el escenario, tampoco desde abajo. Su hermana, Estrella, emocionada desde un lado del foso cantaba a pleno pulmón todas las canciones entre continuas miradas cómplices y ojos vidriosos.

Pero es cuando coinciden en las tablas los tres hermanos, Soleá, Estrella y José Enrique cuando llegan los minutos más emotivos de la noche. Estrella coge los mandos del escenario para llenarlo por completo con su presencia. Y no era para menos. Se hicieron con ‘Ciudad sin sueño’ y ‘Manhattan’, de ‘Omega’,  como si fuese una liberación, una auténtica catarsis.

Con 14 personas en escena acabó el concierto. Una celebración. Como esas comidas que organizaba Enrique en su casa del Albaicín a base de marisco y vodka, en las que los Jotas y Antonio siempre perdían el tren de vuelta.

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