Querido John

Un sábado de febrero de hace justamente ahora cuatro años, Estancousqui nos convocó en su pisito de soltero para celebrar su cambio de década. Nadie quería perderse aquella fiesta. Bien era sabido el carácter de animal fiestero del homenajeado y un letrero en la puerta de su cocina ya avisaba de que en ese lugar no había normas de ningún tipo.  El apartamento estaba atestado por una mezcla de compañeros del colegio, entre los que me incluyo, y compañeros de trabajo. Cosa rara, predominaba el sexo femenino.

Después de cerrar la librería del centro en la que trabajaba, pude llegar acompañado de mi chica al guateque que hacía rato había comenzado. La distancia alcohólica con el resto de invitados no era un obstáculo insalvable, pero el cansancio y el hecho de tener que trabajar al día siguiente limitaron mis ganas de sumarme a la diversión. Aunque no me iría de allí sin antes beberme unas cuantas cervezas.

En medio de aquel maremágnum, tuve oportunidad de hacer un aparte con el homenajeado y darle mi regalo. Le entregué una pequeña caja de cartón mal empaquetada, pues las manualidades no se incluyen entre mis destrezas. Nuestro colega Estancousqui abrió lentamente el amorfo envoltorio. Todavía recuerdo su expresión de satisfacción cuando vio dos figuras de los Blues Brothers. Un par de años atrás, tras un viaje a EEUU para visitar a mi familia política, le compré un póster de John Belushi que aquella noche de sábado presidía su apartamento. Creaba un aura peliculero de fraternidad universitaria yanqui. Estos monigotes de cerámica, sin duda, eran el complemento perfecto.

John Belushi nace en Chicago  (Illinois, EEUU) en enero de 1949. Primogénito de unos inmigrantes albano-iraníes. Desde pequeño da muestras de gran fortaleza física, destacando como defensa de fútbol americano, y exhibe no menos dotes para la actuación, ya fuera bromeando en los vídeos familiares o participando en las representaciones teatrales escolares. Belushi se convierte en el primer miembro de su familia en asistir a la universidad. Pero su padre alberga otros planes para él. El patriarca desea que John estudie finanzas y se haga cargo del restaurante familiar.

Durante su época universitaria el joven Belushi actúa en el club Second City. Allí conoce a su inseparable amigo Dan Aykroyd. Después se une a Lemmings, grupo de cómicos itinerantes asociados a la revista satírica de corte izquierdista National Lampoon. Así que se muda a Nueva York en 1973. Y allí realizan pequeñas improvisaciones en el circuito off-Broadway. Y se casa con su novia del instituto, Judith Pisano.

Celebridad y desgracia a veces vienen todo en uno. Belushi se convierte en uno de los miembros fundadores de Saturday Night Live en 1975.

La cocaína empieza a correr a todo trapo. Un tipo enérgico y excesivo como John necesita algo que lo mantenga a tono. En 1978, su papel de Bluto en la comedia Desmadre a la americana le supone el salto definitivo a Hollywood. Los Angeles, auténtica ciudad del pecado. Belushi está fuera de control. Para 1980 forma parte del programa número uno de la televisión americana, tiene el disco más vendido del mercado con los Blues Brothers, cuando la película homónima acaba de aparecer en cartelera y sus anterior producción continúa como la proyección más vista en las salas norteamericanas.

En 1983 muere a los 33 años en el Chateau Marmont Hotel de LA, a pocos metros de donde fallecería River Phoenix diez años más tarde.

Según avanzaba la fiesta de Estancousqui se iban produciendo las situaciones: las presentaciones, las copas, gente que se enrolla, escapadas al baño, vecinos que se quejan.

Hubo dos momentos que recuerdo con especial nitidez de aquella velada. Uno, Estancousqui haciendo el pino en su despacho, lanzándose en ariete contra la pared, y obteniendo como herida de guerra una pequeña brecha en el cogote. El otro, aun me estremece. Nos juntamos todos los asistentes en el salón a la luz de las velas y, mientras cantábamos el cumpleaños feliz, el marco con la foto de Belushi se descolgó, rompiéndose el cristal. Paramos los cánticos y colgamos de nuevo el póster. Repetimos la operación. Esta vez todo salió bien. Cuando alguien dio la luz, la figura de John Belushi, aquella que acababa de regalarle, se cayó de la estantería, quedando irreparable. Así, honramos de forma totalmente inesperada a su memoria. El día 4 de febrero Estancousqui superará la edad del redentor, la edad con la que se marchó nuestro querido John. No notamos la falta de pelo, solo echamos de menos haber perdido la ingenuidad.

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